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Por Emilia Guevara Olcese

 

Desarrollo de las civilizaciones

Desde hace miles de años las distintas civilizaciones del mundo han adoptado creencias diferentes acerca de las cuales han dado cuenta a través de sus ceremonias, sus modos de gobernar, sus edificaciones y hasta sus legislaciones.
El siguiente apartado será protagonizado por civilizaciones que existieron entre 4 000 y 3 000 años atrás y cuyas creaciones se conservaron permitiendo que sus modos de vida se estudien aún hoy en día.
Las ruinas de las antiguas culturas atestiguan las civilizaciones que existieron en el pasado.

 

Entre 4 000 y 3 500 años atrás

El arqueólogo e historiador británico, Charles Higham, exhuma en el sudeste del continente asiático, en Tailandia,  en 1985, numerosas tumbas con características de ofrendas.
Hace aproximadamente 4 000 años, Khok Phanom Di fue una comunidad costera sedentaria que, se cree, llevó a cabo actividades como la caza, la recolección y la pesca, a su vez que desarrolló una incipiente agricultura del arroz. En lo que fueron sus territorios se encuentra un yacimiento arqueológico a 80 kilómetros al este de Bangkok, capital de Tailandia.
La cultura sedentaria de Khok Phanom Di encontró la manera de aprovechar la abundancia de alimentos y de materiales provistos por aquellas tierras cuyas características eran muy distintas a las que se conocen actualmente, ya que contaban con los beneficios de un extenso estuario (desembocadura del río Bang Pakong en el mar), que proveía a sus habitantes de materiales, plantas y animales característicos tanto de agua dulce como de agua salada; una particularidad de la naturaleza del lugar que admitió la acumulación de abundancia.
Charles Higham, arqueólogo e historiador británico nacido en Nueva Zelanda en 1 939, realizó en el año 1 985 junto a un equipo de expertos, un minucioso trabajo para extraer de excavaciones de hasta 10 metros de profundidad, elementos y cuerpos que fueron enterrados a lo largo de 400 años por dicha civilización.
Los cuerpos enterrados se caracterizan por estar ubicados con la cabeza hacia el este y los pies hacia el oeste, acompañados de numerosas vasijas de cerámica, junto a herramientas utilizadas para fabricarlas y adornarlas, como así también elementos exóticos (que proceden de otros territorios) como por ejemplo, ciertas conchas de mar o caparazones de tortugas. 
Higham ha concluido que la cantidad y calidad de estos elementos estaba en línea con la posición social que ocupaba la persona enterrada con ellas.
Los cadáveres se enterraban en grupos familiares y la posición social de una familia podía variar a lo largo de las distintas generaciones. 
Se calcula que aproximadamente se han enterrado 20 generaciones en Khok Phanom Di a lo largo de los 400 años. Sus habitantes eran grandes alfareros ya que las vasijas con las que enterraban a sus muertos eran realizadas por ellos mismos con arcilla que extraían del lugar. Se estima que las vasijas eran comercializadas con civilizaciones vecinas, al igual que obtenían las conchas de mar extravagantes, de otros lugares, mediante el intercambio comercial.
La civilización de Khok Phanom Di finalmente abandonó su territorio cuando el mar se retiró. Se desconoce el desenlace de dicha cultura.

 

Cadáver de habitante de Khok Phamon Di junto a elementos de valor. Crédito: Charles Higham.

 

Entre 3 800 y 3 200 años atrás

El descubrimiento de los restos del Palacio Cnosos situado en lo que fue la antigua Creta (sede principal de la civilización minoica) y las interpretaciones de sus pinturas, permitieron conocer la antigua civilización minoica que existió en Grecia 1 900 años a. C.
La isla de Creta se encuentra en Grecia y ha sido escenario de múltiples historias mitológicas aún antes de la llegada de los griegos.
Arthur Evans (1851-1941), reconocido arqueólogo británico, descubrió a principios del siglo XX en la isla de Creta el gran palacio Cnossos, construido alrededor del 1900 a. C. La leyenda cuenta que fue gobernada por el rey Minos, por lo que el británico optó por denominar a esta cultura como “minoica”.
Los minoicos se especializaban en la técnica al fresco (pintar sobre las paredes cuando el material de construcción aún no está seco, de modo tal que los pigmentos se incorporen al muro) para dejar plasmadas sobre las paredes del palacio pinturas representativas de la vida cultural cotidiana como así también, acerca de las creencias que profesaban. 
Los estudios de Evans comenzaron en 1900 y concluyeron en 1932 aproximadamente, a lo largo de toda la investigación fueron dando a conocer un palacio que además de ser grande, contaba con una arquitectura muy particular: varios pisos y semipisos, largos pasillos conectando habitaciones distribuidas de manera poco uniforme.
Es justamente la intrincada edificación del palacio la que se relaciona con el conocido laberinto del Minotauro, historia mitológica tradicional de la cultura minoica. La leyenda indica que el rey Minos había recibido un toro blanco que debía sacrificar para el dios Poseidón. Pero el soberano decide protegerlo porque le parece demasiado bello como para sacrificarlo. La desobediencia desencadenó la furia de Poseidón  quien como castigo provocó que la esposa del rey Minos, se enamorase del toro y engendrase un monstruo mitad humano y mitad toro: Minotauro.
La vasta área de la ciudad de Cnosos era de 45 000 metros cuadrados. El tamaño del palacio era de 17 000 metros cuadrados aproximadamente, llegando a tener hasta cinco pisos en algunos sectores. Se estima que las funciones que cumplía el palacio eran religiosas, políticas, económicas. El total de las decisiones de Cnosos se tomaban dentro de sus paredes.

 

 

Vista aérea actual de parte del palacio de Cnossos.

 

Entre 3 792 y 3 750 años atrás

Se encuentra el Código de Hammurabi, un conjunto de 282 leyes que fueron grabadas en piedra y puestas a disposición de todos los ciudadanos de la antigua Babilonia, piedra descubierta en Irán en 1901.
Babilonia era una de las ciudades más reconocidas de la antigua Mesopotamia, ocupaba parte del territorio de Irak. Hammurabi fue el sexto rey de Babilonia y llegó a gobernar toda la Mesopotamia durante la dinastía Amorita.
Las 282 leyes creadas durante su reinado en Babilonia (1792-1750 a. C). A pesar de no ser las primeras en la historia de la civilización, sentaron las bases para la creación de las legislaciones de otras culturas. Se trata de un conjunto de leyes que se basan en una justicia retributiva en la que se intenta que el castigo se equipare al delito cometido.
Estas leyes, “de origen divino”, se encontraban talladas en una piedra de alrededor de dos metros de altura, ubicada en el centro de la ciudad de Babilonia. De manera tal que todos sus habitantes estuvieran al tanto de los permisos y, a su vez, de los severos castigos dispuestos si algún ciudadano no cumplía con las normas vigentes. Mediante ellas se buscaba regular desde actividades comerciales hasta vínculos familiares, es decir que el detalle de las normativas abarcaba la totalidad de la vida de los súbditos de la dinastía Amorita.
La multiculturalidad que caracterizó a Babilonia en el período del gobierno de Hammurabi se presentaba como un posible fuente de conflictos entre grupos, por tal motivo se piensa que el rey decidió crear una legislación lo suficientemente clara a fines de asegurar el orden en la civilización. Al mismo tiempo, con el objetivo de sembrar la idea de que las leyes eran “de origen divino” y, por ende, para que fueran debidamente cumplidas, Hammurabi hizo tallar en la parte superior de la roca la imagen de Shamash, dios del sol y de la justicia entregando a Hammurabi la lista de las normativas.
Fue encontrado en 1901 por una expedición encabezada por el arqueólogo frances Jacques de Morgan (1857-1924). Actualmente se exhibe en el Museo del Louvre de París, lejos de su lugar de creación. Se conservan 210 leyes del total de 282.

 

 

Código de Hammurabi tallado en piedra. Créditos: Larry Koester.

 

Entre 3 500 y 3 000 años atrás

Se da a conocer la primera de 17 cabezas colosales talladas en piedras por la civilización olmeca. La primera de ella se descubre en México en 1862 y se publica su hallazgo en 1869.
La población y cultura olmeca, considerada una de las primeras civilizaciones de Mesoamérica, se desarrolló en América Central, más precisamente en el sureste de México. Algunos estudios aseguran que la cultura olmeca surgió hace 3 500 años. Otras investigaciones sostienen que hace 3 000.
La primera cabeza colosal olmeca de Veracruz fue encontrada por un campesino de la zona quien le diera aviso en 1862 al viajero José María Melgar y Serrano. La publicación del hallazgo se llevó a cabo en 1869. Será prácticamente un siglo después, a partir de 1945, que se comenzarán a desarrollar distintas expediciones. La mayoría encabezadas por el arqueólogo estadounidense Stirling Matthew con el objeto de desenterrar el total de las 17 cabezas colosales que se conocen actualmente.
Se trata de representaciones de cabezas humanas talladas en piedras de basalto de entre 1,5 y 3 metros de alto, con circunferencias de entre 3 y 5 metros. Las 17 cabezas no son exactamente iguales entre sí aunque comparten rasgos, como por ejemplo, labios y narices anchas y achatadas, entrecejos carnosos y cascos guerreros con distintos símbolos. Los expertos consideran que las cabezas aluden a distintos gobernantes olmecas.
Los desarrollos alcanzados por esta civilización influenciaron a las culturas que surgieron con posterioridad a ellos, en Mesoamérica. Entre los aportes de los olmecas se destacan:
  • los avances en la navegación y pesca;
  • la escritura glífica de símbolos y dibujos simples;
  • grandes templos construidos en basamentos piramidales en cuya cima se encontraban centros ceremoniales.
Por todo esto es que comúnmente se describe a la civilización olmeca como la “madre de las culturas de Mesoamérica”.
La variedad de piezas olmecas talladas en piedras que se han encontrado permite aproximarnos a la cosmovisión olmeca. Se pudo observar que la mayoría se trataba de representaciones humanas, seguidas de representaciones de serpientes. Muchas de las representaciones humanas fueron combinadas con elementos del reino animal o vegetal, lo que se relaciona con la creencia politeísta de la cultura olmeca. Es decir, la creencia en distintas divinidades representantes de todos los elementos y fenómenos de la naturaleza que los rodeaba.

 

 

Cabeza colosal en proceso de desentierro por Stirling y equipo. Autor: desconocido.

 

Fuentes:

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