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El 22 de mayo se celebra el Día Internacional de la Diversidad Biológica, también conocida como Biodiversidad. A lo largo de nuestra vida hemos escuchado en algún momento alguna noticia, algún suceso relacionado a este término. Hemos escuchado hablar de la pérdida de biodiversidad, de especies que están en peligro de extinción, del calentamiento global, de fenómenos meteorológicos que han azotado a diferentes lugares del planeta. Pero ¿existe una relación entre todos estos sucesos? ¿Y tienen algo que ver con la pandemia que está atravesando la humanidad? ¿Qué se hizo y que se puede hacer al respecto dado este nuevo contexto? Los invitamos a reflexionar al respecto.

¿Qué es la biodiversidad?

La Convención sobre la Diversidad Biológica (CBD de sus siglas en inglés), creadora de esta efeméride, la define como “la variabilidad entre organismos vivos de todas las fuentes incluidas, entre otras cosas, las terrestres, marinas y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que son parte; esto incluye la diversidad dentro de las especies, entre especies y también de los ecosistemas”. Pero ¿nos resulta tan fácil definir y entender un concepto tan complejo? Pensemos en la dimensión de lo que implica.

La diversidad de organismos vivos que existen en el planeta es muchísimo más grande de lo que pudiéramos imaginar desde organismos unicelulares, virus, bacterias, musgos, hongos, líquenes, algas, insectos, arácnidos, crustáceos, moluscos, anfibios, reptiles, aves, mamíferos, y muchísimos más, todo ellos hacen a la biodiversidad del planeta. 

Pero, por ejemplo, los hongos que encontramos en el patio de una casa ¿serán los mismo que encontramos en un parche de monte del bosque de nuestras sierras? ¿Qué pasa si nos fuéramos a la selva del Amazonas o a los bosques fríos de Asia? Podríamos encontrar muy pocos que coincidieran, si alguno siquiera, dentro de los más cosmopolitas, pero lo más probable es que no fueran los mismos.

 

Cada región de nuestro planeta tiene características geológicas, climáticas, ambientales, entre otras, que las hacen diferentes al resto y donde por diferentes mecanismos evolutivos que se han dado a lo largo del tiempo definieron y definen las especies que habitan en esos lugares en la actualidad. Las relaciones entre ellas y con al ambiente, determinan así la amplia diversidad de estrategias y formas de vida representada en una compleja red que hace a la basta biodiversidad de ecosistemas.

¿Naturaleza infinita? Rompiendo el paradigma

Este entramado de biodiversidad, se encuentra en un equilibrio dinámico. Pueden ocurrir eventos que lo desplacen hacia un lado o hacia otro, y la naturaleza responderá con cambios acorde a la magnitud de este evento.

Teniendo en cuenta la resiliencia de los ecosistemas, es decir la capacidad de funcionar y proveer servicios ecosistémicos, tales como plantas medicinales, agua y aire puro, protección, entre otros, ante condiciones cambiantes ¿qué pasa si la magnitud de esos eventos es tal que un ecosistema, no puede retomar el equilibrio? Estaríamos hablando de que se ha superado el umbral de respuesta de los mismos, su resiliencia, no pudiendo volver a su estado original debido a la magnitud de estos cambios ocurridos. 

Existe una falsa idea de la naturaleza como dispensadora de recursos infinitamente renovables, de servicios ecosistémicos, pero hoy en día cada vez más se habla de que hemos superado la capacidad del planeta para responder al alto grado de consumo que la sociedad humana espera de ella para satisfacer sus necesidades. 

Teniendo en cuenta la amplia biodiversidad de la que hablamos que tiene el planeta ¿qué opina usted de que una sola especie en el planeta dentro de toda esa diversidad esté generando cambios tan profundos que afectan a todo el resto por sus exclusivas demandas generando cambios desde nivel local a planetario?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuáles son esos efectos y como se relaciona con la situación actual?

Pasaremos a nombrar algunos de esos cambios ya observados. Se ha podido observar una mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes que asolan las costas de diversas regiones con la consecuente pérdidas humanas y económicas para los países afectados. El aumento de precipitaciones en algunas zonas, que generan copiosas lluvias e inundaciones y que afectan áreas no preparadas para este tipo de eventos y fenómenos, y que a su vez traen aparejado el aumento de las poblaciones de especies de interés sanitario tales como los mosquitos.

Esto se relaciona con la disminución de las áreas cubiertas con bosques, debido a cambios en el uso del suelo. Los bosques actúan como una esponja absorbiendo el agua de las lluvias, pero que si están ausentes el agua fluye pendiente abajo sin nada que las detenga. Su importancia también radica en que albergan una basta diversidad de vida, actúan como sumideros de dióxido de carbono (CO2) atmosférico, por lo que su pérdida genera una menor captación del CO2 de la atmósfera. El incremento de este gas en la atmósfera es el principal causante del calentamiento global debido sobre todo a su formación y liberación durante el uso de combustibles fósiles, hoy en día necesarios para mantener en funcionamiento la inmensa industria global que, por otra parte, intenta responder a la gran demanda de productos por parte de la población humana. 

El calentamiento global afecta a la frecuencia de ocurrencia de fenómenos meteorológicos, como los nombrados anteriormente, pero también pueden generar una disminución de precipitaciones en algunas zonas y por ende de la humedad presente en la atmósfera. Este hecho junto con el aumento de temperaturas, generaron que en un año se pudieran presenciar incendios de inusual magnitud en zonas tales como Australia, California y el Amazonas. Esto generó que bastas hectáreas de bosques y otros ecosistemas se vieran afectadas con las consecuentes emisiones de CO2 a la atmosfera producidas por su combustión y generando un mecanismo de retroalimentación positiva con el calentamiento global, con las consecuencias finales de importantes pérdidas de hábitats y vidas de miles de organismos que habitan esas zonas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El aumento de la temperatura a nivel global, también ha generado el aumento en el derretimiento de los casquetes polares, un fenómeno que tiene varias implicancias. Por un lado, produce el retroceso de grandes extensiones de hielo, de las cuales muchos organismos dependen para vivir. Por otro lado, ocasiona un aumento en los niveles de agua del mar, que principalmente afecta a zonas costeras pobladas del planeta que podrían terminar cubiertas por el agua en unos años.

El calentamiento global también afecta a los océanos al aumentar la temperatura de los mismos. Este hecho y la alta concentración de CO2 en la atmosfera generan una serie de procesos que terminan provocando un aumento en la acidez de los mares, el cual afecta a organismos marinos que solo pueden vivir dentro de determinados rangos de pH. Esto se ha visualizado, por ejemplo, en un fenómeno conocido como el blanqueamiento de los arrecifes de coral, que, debido a la variación del pH, pierde las algas microscópicas que viven dentro de los corales, llamadas zooxantelas, que le dan su coloracción y con las que tiene una relación mutuamente beneficiosa, llamada simbiosis, que le permite sobrevivir. Esto lleva a la pérdida de funcionalidad de los corales afectando a los innumerables organismos que dependen de ellos, para protección, refugio, zona de desove entre otros. Para nosotros, los arrecifes de coral son barreras naturales que disminuyen la fuerza del oleaje ante tormentas, por lo que su desaparición también afecta a poblaciones costeras. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También afecta los “bosques” de algas que, a su vez de la basta diversidad que albergan, suman al gran poder de captación de CO2 por parte de los océanos, el cual es inclusive mayor que el terrestre y al cual se ha llamado “Blue Carbon” (carbón azul en español).

Por otro lado, las industrias han generado la emisión de diversos contaminantes a ambientes tanto terrestres como acuáticos. Esto genera la contaminación del aire que respiramos, o de suelos donde luego cultivamos los alimentos que consumimos, o cuerpos de agua que luego terminan eutrofizados afectando la calidad del agua que consumimos y la vida de los organismos, que subsisten en esos ecosistemas.

El alto grado de consumo de recursos naturales de la población humana y su desmedido crecimiento, también genera la utilización de grandes áreas para agricultura, ganadería y expansión de las ciudades, que debido al modo intensivo de producción y a la poca planificación urbana, genera una disminución de áreas cubiertas con vegetación. Esto produce que esos ecosistemas y la gran variedad de organismos que albergan, disminuyan su capacidad de responder ante factores que puedan afectarlos. 

Así en el caso de animales que necesitan de grandes extensiones para subsistir, al encontrarse en áreas cada vez más pequeñas, aumentan la competencia, quedan más susceptibles a los cazadores furtivos, con la consecuente disminución de sus poblaciones. Esto puede provocar que los organismos que consumen como alimento, aumenten sus poblaciones desmedidamente modificando el equilibrio de esos ecosistemas y pudiendo producir un aumento en enfermedades dentro de esas poblaciones con poco espacio donde subsistir. 

Estos animales pueden entrar en contacto con humanos, que los utilicen para su consumo y que, si no tienen los cuidados necesarios, pueden verse afectados por estas enfermedades. Dado el alto grado de globalización que posee la población humana, esto puede conducir a una rápida dispersión de dichas enfermedades.

Y es así como llegamos a la situación actual por la que está pasando la población humana mundial. Todo esto que relatamos en esta sección está interconectando. Todo esto que está pasando es producto de la forma de vida que viene llevando el ser humano desde la revolución industrial. Mucho para pensar.

¿Qué se viene haciendo?

En este punto, nos parece importante destacar qué es lo que se viene haciendo en las últimas décadas frente a estos problemas ya que inevitablemente la población ha ido aumentando su toma de consciencia respecto a cómo nuestro accionar afecta la biodiversidad y al planeta. Los efectos son evidentes y todos hemos escuchado algo relacionado a ellos. 

Esto es en parte es gracias a las investigaciones de miles de científicos de todo el mundo que han llevado a cabo múltiples estudios sobre los impactos encontrados a diversas escalas y han generado propuestas para su solución. Siendo temas de envergadura mundial, se han organizado convenciones internacionales para entender los alcances de los mismos, como la Convención por la Diversidad Biológica (CBD) o la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, de las cuales surgen tratados, convenios y programas internacionales que buscan generar acciones en pos de la recuperación de la salud del planeta.

Entre ellos destacamos el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020 que incluye las metas Aichi, del cual Argentina forma parte. Este plan fue acordado por la CBD como un marco sobre la biodiversidad que afecta a todo el sistema de las Naciones Unidas y todas las partes comprometidas con la gestión y el desarrollo de políticas en relación a la biodiversidad. El mismo debía concretarse en estrategias y planes de acción nacionales para la conservación de la biodiversidad.

Por otro lado, han surgido múltiples organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles sin fines de lucro y fundaciones que velan por el cuidado del ambiente, que incluyen científicos, políticos, actores, estudiantes y ciudadanos. Entre ellas podemos nombrar a la Fundación Vida Silvestre Argentina asociada a la Organización Mundial de la Conservación (más conocida como WWF de sus siglas en inglés), Ecosistemas Argentinos, Fundación Ambiente y Recursos Naturales, y a nivel regional y mundial, Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Natura International, Conservation International, Tompinks Conservation, entre muchas otras.

¿Qué se puede hacer? 

En este contexto y dada la basta información que existe, hay diversas acciones que se pueden tomar en diferentes escalas para conservar la biodiversidad. A niveles nacionales, regionales y locales se debe prestarle particular atención al cuidado y restauración de los ecosistemas nativos. A través de la generación y manejo de áreas protegidas, tanto terrestres como acuáticas, se puede propiciar la conservación de los mismas y las especies e interacciones que albergan. Estos actuarán como reservorios de la diversidad y serán lugares donde podrían recibir especies producto de decomisaciones y tráfico ilegal de fauna, permitir translocación de individuos y hasta la reintroducción de especies. 

Muchas veces será necesario restaurar los ecosistemas de estas áreas, para lo cual es indispensable generar acciones que logren que se recupere una estructura vegetal próxima a la original para poder sustentar la diversidad. Para ello es indispensable la reforestación. Esto no solo ayudará a que vuelvan las especies, sus interacciones y proceso asociados, sino que permitirá captar el CO2 de la atmósfera para producir sus tejidos lo que a ayuda a la disminución de este gas en la atmósfera y por ende ayudar al control del calentamiento global.

Todas estas acciones deberán sean monitoreadas en su evolución para comprobar sus efectos. Esto se realiza a cabo a partir de la investigación científica que permite a su vez seguir estudiando toda la diversidad del planeta para poder cuidarla y cuidarnos. Para ello es muy importante que existan los fondos económicos necesario para su realización. Por lo que es indispensable que los gobiernos promuevan el desarrollo de la ciencia y el cuidado del ambiente, a través de políticas de estado que perduren en el tiempo. 

Destacamos que en todo proyecto que pretenda tener un alcance e impacto significativo, es muy importante incorporar a todos los actores involucrados. Se debe tener en cuenta si hay pueblos originarios y familias en el lugar, que su subsistencia dependa exclusivamente de los ecosistemas que estamos intentando conservar, y cuya voz y conocimientos es muy importante escuchar.

Se debe tener en cuenta a los tomadores de decisiones, como gobernadores, autoridades de aplicación. Se debe tener en cuenta a las partes con intereses de diferente índole en esas áreas que podrían afectar el desenvolvimiento de planes de manejo. Se debe incorporar las voces de los científicos, que hayan hecho estudios aplicados. A las ONG que estén trabajando en la zona. Se debe tener en cuenta a las poblaciones que habitan esas zonas y como sus acciones pueden impactar en las acciones que llevamos a cabo. Por lo que es muy importante la educación ambiental y la generación de talleres, foros, reuniones, que posibiliten la interacción de todos estos actores y la participación ciudadana.

¿Y nosotros?

Todo eso podría parecer fuera de nuestro alcance, pero como está dicho arriba, todos somos parte y hay mucho que podemos hacer. Podemos ayudar plantando especies nativas en nuestro patios y veredas, no generando demanda de especies exóticas, informarnos y participar de los diferentes programas que existen en nuestra localidad. Desde lo alimentario, podemos consumir alimentos orgánicos que no utilicen productos químicos nocivos en su producción, que sean variados, locales y de ferias y productores zonales, lo que contribuiría a la economía local y a la diversidad de alimentos. Podríamos aprender sobre los usos de las plantas medicinales locales y comenzar a tenerlas en nuestras propias casas. Hay mucho más que podemos hacer por la diversidad de nuestro planeta. ¿Te sumás?

¿Y qué nos mostró la pandemia?

A través de la cuarentena producto de la pandemia, se nos permitió ver como el quedarnos en nuestras casas, permitió la reaparición de varios animales en zonas donde, antes que estuvieran las ciudades que hay hoy en día, deambulaban libremente. Como ha sido el caso de carpinchos en Tigre Argentina,  pumas en Chile, cabras de montaña en España y Gales, monos en Tailandia, jabalíes en Italia y España, medusas en los canales de Venecia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero esto no fue lo único que sucedió, la cuarentena también implico la circulación de persona disminuyera y por ende la cantidad de vehículos circulando. Esto tuvo como resultado la disminución de la emisión de contaminantes al ambiente, que se vio reflejado en una menor concentración de gases en la atmósfera, como CO2, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre, o el aumento de la calidad del agua, como en el caso de Venecia donde el agua de sus canales estaba transparente. Estos son los cambios que pudimos observar en pocos días. Imagínese lo que se podría lograr si generáramos cambios a largo plazo.

A futuro

Para terminar con este camino reflexivo al que los invitamos el día de hoy, esperamos haberle mostrado como es que nuestras acciones tienen efecto en el ambiente. Que lo que ha sucedido es porque como sociedad estamos acostumbrados a una forma de consumo que no tiene en cuenta el impacto que está teniendo sobre los ecosistemas y su biodiversidad, en la que estamos incluida. 

Es importante que empecemos a pensar las consecuencias de lo que hacemos a largo plazo, como eso nos afecta y a nuestro entorno. En esto, hay que tener cuenta, como dijimos, que podemos llegar a superar umbrales donde la resiliencia de los ecosistemas sea superada, siendo muy difícil recuperarlos. Debemos pensar una forma de vida de consumo sustentable y sintonía con el ambiente y su cuidado. Hoy es el momento de actuar. Dependiendo de lo que como sociedad hagamos a partir de ahora, será el camino que tomará la vida en nuestro planeta.

¿Vos que vas a hacer? Te dejo que lo pienses.

Eleonor Moreschi – Bióloga