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Actualmente se están viviendo momentos inéditos a nivel mundial. Los hábitos y comportamientos de millones de personas han cambiado drásticamente y todo por un diminuto e imperceptible organismo. Todos nos referimos a los virus pero ¿realmente sabemos de qué estamos hablando? 

Lo primero que podríamos preguntarnos es si son seres vivos o no y la realidad es que todavía no se sabe. O por lo menos no está decidido a nivel científico. Para empezar, existen ciertos criterios que definen a los seres vivos. Estos son la capacidad de organizarse, mantener un equilibrio interno, percibir estímulos y responder, consumir y liberar energía, crecer, reproducirse y evolucionar. La unidad básica de la vida es la célula porque cumple con todos estos requisitos que lo definen. Por lo tanto podemos decir que una bacteria, como esa que nos provoca largas y molestas anginas, es un organismo vivo. Igual podemos referirnos a la levadura que utilizamos para cocinar (un hongo), o a la tierra de diatomeas utilizada en jardinería (un alga). Sin embargo al pensar en los virus comienza el conflicto, ya que no son células y sin embargo cumplen algunos de los requisitos que definen a un ser vivo. 

¿Por qué los virus no son células? ¿Qué diferencia hay? Las células, tanto las procariotas como eucariotas que todos hemos estudiado en biología o ciencias naturales, tienen ADN como material genético y una pared o membrana compleja. Esta se conforma de lípidos, proteínas y una gran cantidad de moléculas involucradas en el metabolismo celular. Además contienen una compleja red de órganos involucrados en su respiración, alimentación y reproducción. En el caso de los virus, son mucho más sencillos. Se podrían resumir a una cubierta protectora, compuesta por algunas moléculas de lípidos y proteínas, con un material genético en su interior. En la gran mayoría, este material no está en forma de ADN sino de ARN, una molécula que cumple el mismo papel pero es mucho más simple y menos evolucionada. 

En esta carencia de metabolismo propio y autonomía es donde se fundamentan quienes aseguran que no son organismos vivos. Sin embargo los virus son altamente eficientes y en la sencillez radica su éxito. La principal y única misión de un virus es mantener a salvo su material genético mientras busca una célula hospedadora ¿para qué? para completar su misión y reproducirse. Ya que como decía anteriormente, al carecer de órganos propios necesitan utilizar los de una célula viva. Esta estrategia es lo que se conoce en biología como parasitismo obligado. Muchos otros organismos vivos lo utilizan y por lo tanto en ello se basan quienes defienden a los virus como organismos vivos o al límite de la vida. 

Otra fundamentación de quienes los consideran organismos vivos es su capacidad de mutar y, en consecuencia, evolucionar. El código genético de cualquier organismo es susceptible a cambios y errores, sobretodo en el proceso de copiado. O dicho en forma más específica, es susceptible a mutaciones. Las células presentan mecanismos para corregir la gran mayoría de ellos pero los virus carecen de esta capacidad. Cuando el error no es letal y permite al virus continuar con su ciclo puede hablarse del surgimiento de una nueva cepa y, en cierta forma, de evolución. Es por ello que en el mundo existen una gran cantidad de virus diferentes y todo el tiempo surgen nuevas cepas. 

Sin embargo, no todas las cepas son peligrosas, no todas atacan a los mismos organismos y ni siquiera todas atacan a las mismas células. Un virus puede infectar una célula sólo si las proteínas de su envoltura “encajan” con los receptores de la membrana celular. De esta forma, el virus del mosaico del tabaco sólo ingresa en las células de la hoja del tabaco, los baculovirus solo afectan a los insectos y los bacteriófagos solo afectan a las bacterias. Una vez que el virus encuentra una célula en la que “encaja” comenzará la infección. El objetivo es claro: ingresar su código genético dentro de la célula. Este tiene todas las instrucciones necesarias para copiarse a sí mismo y dirigir el ensamble de las nuevas envolturas, utilizando la materia prima de la célula y su maquinaria metabólica. Una vez completado el proceso los nuevos virus se desprenden de la célula hospedadora, a menudo rompiéndola, y comienzan con las nuevas infecciones.

Los Coronavirus no son una excepción a la regla. Las especies de esta familia están especializadas para ingresar a las células del tracto respiratorio y gastrointestinal de mamíferos y aves. Presentan ARN como material genético y tienen un diámetro promedio de 120 nanómetros, es decir 0,00012 milímetros. Su nombre deriva de su morfología, ya que su cápsula principal se encuentra rodeada por una capa adicional de proteínas que recuerdan a una corona solar. Esta morfología es una de las tantas que se pueden encontrar en el mundo de los virus. A modo general, existen cuatro formas principales: la poliédrica ya mencionada, la cilíndrica, la esférica y la compleja. Cada forma influirá en el mecanismo de acción y determinará su clasificación taxonómica.

 

Los virus también pueden clasificarse por otras características como su tipo de material genético o mecanismo de infección, ya que cada especie es única y puede actuar de formas diferentes. Así como cada organismo puede reaccionar de formas diferentes ante su presencia. La clave es la prevención ya que los antibióticos no son eficaces (sólo actúan contra las bacterias). Pero en caso de que el virus ingrese al organismo, el sistema inmune toma protagonismo. Este es el principal encargado de bloquear las infecciones y eliminar las células afectadas evitando que el organismo desemboque en una enfermedad. Las vacunas, que tantas veces escuchamos de su importancia, sirven para darle las herramientas necesarias al sistema inmune para que, en caso de que llegue el virus, se encuentre preparado y con capacidad de combatirlo. 

Podría decirse que los virus son uno de los microorganismos más intrigantes. Como mencioné al comienzo, no hay una respuesta única sobre su naturaleza viva por lo que la comunidad científica sigue debatiendo y su clasificación dependerá de quién esté hablando. Mientras tanto los virus siguen estando allí, al igual que cualquier otro organismo presente en el universo. Dentro de la peculiar situación global que se está viviendo, estos pequeños habitantes nos llevan a pensar que todavía queda mucho por aprender. Pero no solo debemos quedarnos en lo que podemos investigar sobre ellos sino también ¿y por qué no? sobre lo que podemos llegar a aprender de nosotros mismos.