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Para empezar… 

En nuestra vida cotidiana estamos muy acostumbrados a interactuar con diferentes seres vivos, muchas veces sin prestarles atención. De por sí, los seres humanos somos seres sociales que interactuamos los unos con los otros en el transcurso de nuestras vidas: nuestros familiares, nuestros amigos, compañeros del colegio, del trabajo y muchas relaciones más. 

¿Y si corremos nuestro foco de atención hacia organismos no humanos? (práctica que recomendamos desarrollar cotidianamente) ¿Qué seres comenzamos a ver? Podemos pensar en las arañas que arman sus telas en las esquinas olvidadas. En los curiosos hongos que vemos repentinamente en los leños cuando el clima está húmedo o en nuestra fruta cuando la dejamos mucho tiempo sin comer. Podemos pensar en las hortensias del abuelo que con tanto ahínco cuida o en las zanahorias de la huerta casera. Podemos remontarnos a los cultivos de papas andinas de nuestros pueblos originarios. Al quebracho y el espinillo, árbol y arbusto de nuestro hermoso monte nativo. También en las aves que vuelan y se posan en nuestro árboles, nuestras mascotas, las majestuosas ballenas que surcan los océanos… 

Podríamos estar hablando un rato largo de todos los seres vivos que habitan este planeta. Pero todos estos seres vivos que nombramos y los incontables que no nombramos por una cuestión de tiempo, ¿son iguales? En realidad son de diferentes especies

¿Qué es una especie?

La mayoría de nosotros hemos escuchado alguna vez esa palabra. Nos la han enseñado en la escuela o la facultad. Y muchas veces no terminamos de entender qué significa. Es importante, en este momento, hacer una aclaración: hoy en día se sigue redefiniendo continuamente a qué nos referimos con el término especie. Según la escala del estudio (local, ecosistémica, global, etc.), según la especialidad del profesional que lo tome, y muchas otras cuestiones más, expertos de todo el mundo dan su postura respecto a este concepto. Un reflejo más de que la ciencia está continuamente en construcción. 

Podríamos decir simplemente que organismos de una misma especie son los que pueden dejar descendencia fértil (es decir, que pueden seguir teniendo descendencia sucesivamente). Pero seguramente diversos científicos reclamarían que faltan muchos aspectos a tener en cuenta. Por lo que en este artículo, no nos preocuparemos demasiado en su definición sino que nos concentraremos más en el porqué de la existencia de tanta diversidad de especies.

 

Pero…. todas las especies que hoy existen ¿han existido desde siempre? 

La respuesta es: no. A lo largo del desarrollo de la vida en el planeta Tierra han ido apareciendo y desapareciendo continuamente especies. Hay diversos factores que determinan la aparición y permanencia de especies en el mundo, desde el primer organismo unicelular hasta la multiplicidad de especies que existen hoy en día. 

 

Entonces… ¿Cómo aparecen nuevas especies? 

Para responder esta pregunta es importante entender que ninguna forma de vida es estática. ¡Pero si los árboles no se mueven! podrían decir. Les propongo un ejercicio: recuerden la última vez que estuvieron en un bosque, probablemente habrán sacado una fotografía. Y si no fue desde el celular o una cámara, seguro en su mente se puede imaginar volver a estar ahí nuevamente. Ahora piensen que durante diez años no vuelven a ese bosque y que, por esas cosas de la vida, se encuentran nuevamente ahí. ¿Creen que todo estará exactamente en el mismo lugar y de la misma manera? Lo más probable es que su respuesta sea que no. 

Los árboles habrán crecido, algunos ya no estarán. Algunas plantas habrán logrado sobrevivir a la sombra proyectada sobre ellas, otras no. Los microorganismos que descomponen la materia, no van a ser los mismos que quienes lo hacían diez años atrás. Los nidos de las aves de ese entonces, ya no estarán ni sus ocupantes. Podría inclusive no haber más bosque y encontrarnos con un barrio en su lugar… La vida y sus organismos están en constante cambio.

 

 

¿Y cómo sucede este cambio?

Nuestro organismo está compuesto por millones de células que continuamente están trabajando. En ellas, dentro del núcleo, se encuentra el material genético, en nuestro caso el ADN (que viene de ácido desoxirribonucleico), en otros más simples será el ARN (de ácido ribonucleico). Este material genético sufre diversos procesos diariamente (replicación para duplicar el material, transcripción a ARN y traducción en proteínas) que posibilitan que las células realicen sus funciones. Esos procesos, que se repiten millones de veces a lo largo de una vida, a veces sufren “errores”: se saltean una parte, agregan una demás, duplican porciones más grandes y muchas cosas más. 

A esto es lo que denominamos mutaciones. Pueden generar cambios imperceptibles e inocuos dentro de las células, o cambios morfológicos, fisiológicos, conductuales, entre otros, en los organismos. Estos pueden incluso llegar a ser contraproducentes para la viabilidad de un ser vivo. 

En una población de una especie o en una parte de ella, estos cambios se pueden ir acumulando a lo largo de cientos, miles, cientos de miles de años o más. De esta manera, podría suceder que al entrecruzarse con los individuos de otras poblaciones de lo que antes era una misma especie, ya no pudieran producir descendencia fértil. ¿Y qué ha pasado? Ha surgido una nueva especie.

 

Esta acumulación de cambios ¿Cómo se puede dar?

Para responder esto, necesitamos explicar que el proceso a partir del cual desde una población de una especie se generan una o más nuevas especies se denomina especiación. Esta población original (que denominaremos P0) puede verse afectada por diversos acontecimientos que determinen el surgimiento de una nueva población. A continuación, mencionaremos algunos ejemplos.

 

Un posible acontecimiento es que aparezca una barrera física que divida a la población en dos, por ejemplo la formación de un río, impidiendo el contacto entre ambas. Debido al aislamiento se irán acumulando diferentes cambios en ambas poblaciones por separado. Tras un tiempo, si los individuos de alguna de estas poblaciones volvieran a cruzarse, no podrían producir descendencia.

Otra posibilidad es que una pequeña porción de esa P0 se movilice hacia una nueva área en la cual no haya individuos de la especie. Estos individuos desarrollarán sus vidas en ese nuevo espacio, sin entrar en contacto con la P0. Allí irán acumulando estos cambios al punto tal que tras un largo tiempo podríamos considerarla una nueva especie. 

También puede suceder, aunque con menor frecuencia, que la especiación suceda dentro de la misma P0, como en algunas plantas que sufren hibridación o poliploidia, lo que generaría que en un mismo espacio geográfico subsista la especie original y la nueva.

Estos procesos se pueden ir repitiendo a lo largo de millones de años generando múltiples especies nuevas, las cuales van a estar todas emparentadas de alguna manera, al provenir todas de esa población original. Esto nos lleva a una nueva pregunta.

 

¿Cómo estamos emparentados los seres vivos del planeta?

 A esta especie original se la denomina “ancestro común” de todas las nuevas especies que se produzcan a partir de ella. Sería análogo a pensar en el árbol genealógico de nuestra familia. De hecho, es a través de lo que se conoce como árbol filogenético donde se representan las relaciones de parentesco entre diversas especies. 

Entonces, así como con nuestro árbol genealógico, podemos ir reconstruyendo la historia de nuestros ancestros, pasando por nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, bisabuelos y bisabuelas, tatarabuelos y tatarabuelas, y así, con las diferentes especies que habitan o habitaron el planeta podríamos hacer lo mismo. 

Pensemos en la especie humana “Homo sapiens”. Si reconstruimos su árbol filogenético podríamos ver su relación con otros homínidos que existieron antes que nosotros, como el “Homo neanderthalensis” hace 230 mil años, el “Homo antecessor” hace 900 mil años y el “Homo erectus” hace 2 millones de años, aproximadamente. Podemos avanzar e irnos al “Australopithecus” hace 3,9 millones de años. 

 

Si siguiéramos con este viaje hacia atrás en el tiempo, podríamos ver cómo nos relacionamos con los otros mamíferos: las ballenas, los roedores, los lobos. Si alguna vez te preguntaste ¿mi perro es pariente mío? ¡La respuesta es sí! Siguiendo, llegaríamos a un momento en el que veríamos cómo nos relacionamos con todas las especies con columna vertebral, ¡incluso con los peces! Que de hecho formamos parte de  los “Cordados” (primeros animales con cuerda dorsal) y que nos emparentamos con unos seres muy curiosos llamados “Tunicados” (presencia de cordón dorsal hueco denominado notocorda). De poseer toda esa información podríamos continuar con nuestra búsqueda hasta llegar al primer organismo vivo. 

En nuestro viaje al pasado, puede que nos encontremos con muchas especies que hoy ya no existen, especies que desaparecieron. Decimos que estas especies se han extinguido

 

¿Cuáles son las causas que pueden llevar a una especie a dejar de existir? ¿Qué significa que una especie no exista más? 

Cuando una especie se extingue, no hay vuelta atrás. Fin. La extinción de una especie llega cuando muere su último individuo. ¿O una especie queda extinta cuando no tiene posibilidad de seguir existiendo?, como por ejemplo cuando sus individuos ya no tienen posibilidad de reproducirse o de sobrevivir en su ambiente. Aquí no pretendemos discutir la terminología precisa, porque verán, en biología no existen blancos y negros. La idea ahora es que pensemos juntos qué significa, más allá de su definición técnica, que una especie se extinga. Y le invitamos a reflexionar sobre sus causas y consecuencias.

Cuando decimos “extinción” ¿qué se les viene a la cabeza?

Al mencionar “extinción”, muchos de nosotros pensamos en los dinosaurios, por ejemplo; cómo estos magníficos animales que alguna vez reinaron en todos los continentes, hoy sólo son rocas con forma de huesos y un recuerdo imaginario. A algunos se nos viene a la cabeza la imagen de un enorme meteorito impactando la Tierra, o una serie de interminables erupciones, quizá. Verán, antes de que ocurriera este terrorífico evento que arrasó con la mayoría de las especies que existían hace aproximadamente 66 millones de años, hubo otras cuatro extinciones masivas. Durante estos eventos desaparecieron la mayoría de las especies que habitaban la Tierra, según las evidencias geológicas que han sido aceptadas por toda la comunidad científica.

Hay quienes afirman que en la actualidad, debido al cambio climático global, estamos sobrellevando un sexto período de extinción masiva de causas antrópicas, esto es, provocada por el ser humano.

Ahora les pedimos que piensen, busquen en su imaginación o en sus conocimientos si creen que las extinciones de las especies sólo ocurren por eventos catastróficos, como la caída de un meteorito, o como consecuencia de algunas acciones humanas. ¿Existe algún otro motivo que provoque una extinción?

 

¿Qué causas existen para que una especie deje la Tierra para siempre?

La mayoría de las extinciones de especies en la historia de la Tierra no se le atribuyen ni a catástrofes naturales, ni a causas humanas, de hecho. Se estima que más del 99,9% de las especies que han habitado el planeta, ya se han extinguido. 

Pero ¿cómo? si no han habido tantos eventos catastróficos ni humanos en la larga historia de la vida en la Tierra. Verán, esa historia es increíblemente larga. Data de aproximadamente cuatro mil millones de años atrás, de cuando la Tierra era muy joven, con tan solo unos quinientos millones de años desde su formación. En todos estos años ha habido especies que se extinguieron por enfermedades; por otras especies que ocuparon sus ambientes y contra las cuales no pudieron competir; por falta de alimento; por cambios en su ambiente y la incapacidad de adaptación…

 

 

Existen además otras causas. Algunas especies dependen de otras especies para subsistir. En algunos casos las interacciones pueden llegar a ser tan fuertes que si una de ellas se extingue, acaban por extinguirse las dos. Un ejemplo de esto sería la extinción de una especie hospedadora para una especie de parásito; o la extinción de una especie polinizadora para una planta sin otros polinizadores; o la extinción de una planta para un herbívoro que sólo se alimentaba de esa especie vegetal… Este proceso se llama coextinción. 

El curso natural de los procesos evolutivos en la Tierra lleva miles de millones de años, y miles de millones de especies. Ninguna especie vive para siempre. Sin embargo, existe una línea continua de la vida desde sus orígenes hasta hoy. Las especies se originan de otras especies, como mencionamos más arriba. Y es ese mismo proceso el que puede llevar, eventualmente, a la desaparición de otras especies. Podría considerarse a la especiación como uno de los motores naturales de las extinciones. Por otro lado, las especies naturalmente se extinguen y permiten que otras prosperen. 

¿Cómo pueden la vida y la muerte de las especies estar tan interconectadas?

Anteriormente mencionamos que durante el proceso de especiación, un grupo de organismos que originará una nueva especie, va cambiando históricamente. Algunas veces no ocurren eventos que separen a los organismos de una especie en dos o más poblaciones y, sin embargo, con el tiempo adquieren tantos cambios que ya no podrían considerarse de la misma especie que aquella especie original (ancestral). En este caso, aquella especie ancestral puede no haberse extinguido por un evento catastrófico, o por enfermedades, o pérdida de hábitat o coextinción… Simplemente ha quedado en la historia, como parte de un continuo paso hacia una nueva especie o nuevas especies. 

 

Si a lo largo de la historia se han extinguido tantas especies, ¿por qué nos alarma que se extingan algunas especies actualmente?

Hoy en día leemos o escuchamos seguido la palabra “extinción” asociada a problemáticas ambientales, causadas en su mayoría por la actividad humana. Ya dijimos que la extinción implica la desaparición, el fin de una especie para siempre. Pero también dijimos que es un proceso natural, incluso parte del engranaje necesario en el proceso evolutivo de la historia de la vida en la Tierra. 

Entonces, ¿Por qué nos alarma tanto? 

A lo largo de la historia de la vida en la Tierra, ha habido cambios dramáticos del paisaje, del clima, del ambiente en general; continentes enteros colisionando, formación de volcanes, lagos, mares, océanos, cordilleras, desiertos; aparición y desaparición de bosques, selvas y pastizales; períodos de glaciación; grandes bajas y subas de temperatura… Podemos estar de acuerdo en que la Tierra no es particularmente un planeta estático. Todos estos procesos producen cambios impredecibles para los organismos vivos, a veces devastadores y otras veces generan nuevas oportunidades. Los cambios en el ambiente son grandes impulsores de procesos evolutivos y, con ello, de procesos de especiación. Pero también de extinción. Estos han ocurrido naturalmente desde el inicio de los tiempos. En la actualidad muchos ambientes han cambiado y lo siguen haciendo como consecuencia de la actividad humana. Eso produce grandes modificaciones para los organismos que habitan estos ambientes. Muchas veces esos organismos se extinguen o quedan resignados a pequeños espacios controlados, casi condenados a una eventual sentencia de extinción. Pero siempre se han extinguido las especies, ¿qué hace que esto sea diferente? ¿será que la diferencia radica en que es una especie la que produce esos cambios, en vez de procesos geológicos o astronómicos? 

En realidad hoy existe una diferencia mucho más radical: el tiempo. El tiempo en el que se dan estos procesos respecto a cómo se han dado históricamente. Verán, los procesos que mencionamos, como la aparición de una cordillera o un desierto, a la Tierra le lleva millones de años para que se produzca. Esto permite que las especies que habitan aquellos lugares vayan cambiando a un ritmo similar. Eventualmente, los procesos de especiación y extinción pueden resultar en especies adaptadas a esa nueva geografía. A las extinciones masivas que mencionamos más arriba se le atribuyen, por evidencia geológica, cambios ambientales de gran magnitud que ocurrieron, en general, en poco tiempo. Poco tiempo geológicamente hablando, claro está. Esto puede significar cambios que ocurrieron a lo largo de cientos de miles o millones de años, como erupciones masivas, fragmentación de continentes, cambios en los niveles de los océanos.

Las extinciones muchas veces no se fundamentan en la aniquilación directa de los organismos, sino en la incapacidad que tienen de adaptarse a un nuevo panorama, a un ambiente cambiante. ¿Y qué tienen que ver las extinciones masivas del pasado con los cambios ambientales que ocurren hoy como consecuencia de la actividad humana? La ecuación es sencilla: las extinciones masivas han acontecido históricamente ante cambios ambientales que ocurrieron en poco tiempo y, en particular desde la segunda revolución industrial, venimos modificando el ambiente de la mayoría de las especies de la Tierra a un ritmo exponencial (si quiere saber más sobre crecimiento exponencial, lo invitamos a ingresar al instagram de Plaza Cielo Tierra). El corto tiempo en el que ocurren estos cambios provocados por el ser humano podría representar el mayor obstáculo en el proceso de adaptación de la mayoría de organismos ante un panorama de cambio tan drástico.

 

Para terminar

Hemos reflexionado sobre algunas de las causas y consecuencias del nacimiento y la muerte de las especies, y comprendimos que ninguna especie vive para siempre. Esto podría generar cierto grado de angustia o desazón. Sabemos que los humanos somos solo una especie más en la vasta red de la vida, y un mero eslabón en el continuo proceso de cambio de los organismos en la historia. He aquí la esencia del relato; de una u otra forma todos los organismos en la tierra estamos emparentados, y así lo estaremos con los organismos porvenir, en este impredecible viaje que implica la vida en la Tierra. 

 

Nicolas Lewin – Licenciado en Biología. UNC

Eleonor Moreschi – Licenciado en Biología. UNC